UNA TÁCTICA Y UNA ESTRATEGIA CONTRADICTORIAS

Estamos asistiendo en esta luctuosa jornada a un paso adelante en la estrategia de “normalización del terror”: el encadenamiento de atentados a partir de los, llamemosles así, “cabos sueltos” de uno anterior. Se nos dice que la detención del huído Salah Abdeslam, implicado en los ataques de París del 13-N, así como el cerco a su red de apoyo ha provocado este criminal zarpazo en el corazón de la U.E. como venganza. Sin embargo, el análisis de lo sucedido proyecta en sus supuestos autores, capaces de realizar con preocupante eficacia una masacre y paralizar una capital, una falta de inteligencia obvia.

Se nos ha dicho (y ciertos comentarios en este blog abundan en ello) que la infiltración islámica en Europa se beneficia del sentimentalismo, actitud compasiva y buenos -y engañosos- sentimientos de la población europea. El “buenismo”, si se quiere. La jornada de hoy tenía que ser el día grande de esa estrategia, puesto que los informativos de todo el mundo abrirían con las imágenes de la expeditiva expulsión de los refugiados de Moria (isla de Lesbos, Grecia) en aplicación del acuerdo de la U.E. con Turquía encaminado a que este país haga de “tapón” frente a la oleada migratoria, una expulsión efectuada sin contemplaciones y que tanto recuerda a otras migraciones forzadas que hemos visto en los documentales sobre el nazismo. Un acontecimiento que habría de provocar una oleada de indignación y solidaridad que pusiera en entredicho la política “manu militari” de Europa, con las ONG (expulsadas previamente, por cierto, del teatro de los acontecimientos) clamando al cielo y los antidisturbios empujando y golpeando a familias empapadas y asustadas, a las que se forzaba a acudir a Kavala para ser deportadas en ferry a Turquía.

Sin la masacre, insisto, esto hubiera galvanizado a la opinión pública, y ahondado la división en la población europea entre los que advierten de una nueva invasión de los bárbaros y quienes recuerdan que la Europa que creo los derechos humanos, incluido el de asilo, no puede desentenderse de la desdichada muchedumbre que llama a sus puertas.

Pues bien, ese tanto a apuntarse por parte de los “planificadores de la invasión” se echa a perder por provocar, con una torpe matanza de inocentes, que los europeos aparten sus horrorizados ojos del Mediterráneo y los vuelvan hacia Bruselas.

Si los islamistas que echan a perder una de las mejores bazas con que cuenta su supuesta estrategia solo cabe hacer tres hipótesis:

– La fecha elegida ha sido fruto de la ignorancia o descoordinación de quienes pueden presumir de táctica, pero no de estrategia.

– La “invasión masiva” no ha sido nunca el objetivo real del islamismo, sino una cobertura superficial para infiltrar a ciertos elementos, operación que ya habrían completado y de ahí su desentendimiento.

– Los atentados de esta mañana han sido, tal vez entre otros y más inconfesables fines -aparte de la simple y brutal difusión del terror-, maniobras de distracción respecto a lo que ocurre en el otro extremo de Europa.

Como no puede ser de otra manera, hemos de preguntarnos a quién -y de qué manera- beneficia esta masacre. Y no asustarnos de las conclusiones a que nos conduzca la lógica. Dejo la reflexión al lector, sin pronunciarme en unos momentos en que solo tengo por cierto el dolor provocado y el apoyo y la solidaridad a las víctimas y sus familias.

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